lunes, 11 de octubre de 2010

Los años formativos.

LAS PRIMERAS ACTIVIDADES ECONOMICAS DE LOS ESPAÑOLES.

El trabajo indígena se organizó mediante la encomienda que ocupó el lugar de las formas de trabajo impuestas por los mexicas. Con la encomienda, los españoles se apropiaron de la riqueza que generaban los pueblos sometidos, cuyo trabajo facilitó las primeras actividades productivas de los conquistadores.

Los encomenderos utilizaban a los indígenas para realizar todo tipo de trabajo manual: construcción, agricultura, minería y traslado de productos del campo. Les cobraban tributos y los hacían en exceso.

LA EXPLOTACION MINERA Y LOS INICIOS DE LA EXPANSION HACIA EL NORTE.

Los españoles saquearon los metales preciosos que atesoraban los indígenas hasta agotarlos. Entre 1545 y 1565 descubrieron las minas de plata de Taxco, Sultepec, Tlalpujahua, Pachuca, Real del Monte, Atotonilco y Guanajuato.

El norte del país fue colonizado por españoles e indígenas gracias a la explotación de las minas de plata. Las poblaciones que se fundaron junto a las minas demandaban alimentos otros productos, y esto, a su vez estimuló el desarrollo de la agricultura, la ganaderia y el comercio. Además se construyeron caminos para comunicar esas zonas con la Ciudad de México, hacia donde se enviaba parte de la producción.



LA CONSOLIDACION DEL PODER VIRREINAL, LAS TASACIONES DE TRIBUTOS Y LA DECADENCIA DE LOS ENCOMENDEROS.

El virrey Antonio de Mendoza (1490-1552) reprimió severamente los intentos de rebelión de los encomenderos. Estos solicitaron, en 1564, eliminar el cargo de virrey y que Martín Cortés, hijo de Hernán Cortés, fuera nombrado capitan general. En 1566 la Real Audiencia mandó apresar a Martín Cortés y ejecutar a otros conspiradores. Este episodio debilitó a los encomenderos y produjo la consolidación del poder virreinal.

Las Nuevas Leyes, promulgadas en 1542, establecían que los tributos pagados a los encomenderos y a la Corona serían inferiores a los que la población pagaba a sus gobernantes indígenas, y que no se podían exigir a los encomendados un tributo mayor que el fijado por el virrey y la Real Audiencia.

A pesar de que en 1545 Carlos I, rey de España, revocó esas leyes debido al descontento que provocaron entre los encomenderos, poco después el sistema tributario se transformó: las tasaciones del tributo real se calcuraon en función del número de habitantes de cada población o encomienda.

Entre 1550 y 1560 se estableció que los pueblos de indios ya no pagaran el tributo con múltiples y variados productos, sino con dinero o en especie (en este caso, con productos agrícolas, sobre todo maíz y trigo). Hacia el úlimo cuarto del siglo XVI ya se había determinado un tributo personal, consistente en un peso y cierta cantidad de maíz al año por cada cabeza de familia.

A partir de 1545 la población indígena y la fuerza de trabajo disminuyeron drásticamente. La encomienda se había convertido en un obstáculo para cubrir la demanda de trabajadores en la minería y otras actividades productivas. Para resolver esta situación, la Corona española suprimió los servicios personales de la encomienda (la renta en trabajo), y en 1550 ordenó al virrey Luis de Velasco y Ruiz de Alarcón aplicar un sistema mediante el cual los indios se contrataran por jornal en las haciendas y fincas españolas.

Estos hechos mostraban que la decadencia de los encomenderos había comenzado. En 1720 la encomienda quedó abolida definitivamente y se estableció que sus tributos pasaran a la Corona.



LA UNIVERSIDAD, LA CASA DE MONEDA, EL CONSULADO DE COMERCIANTES Y OTRAS INSTITUCIONES.

Por cédula real, el 21 de septiembre de 1551 se fundó en la Ciudad de México, la Real Universidad; una bula, expedida por el papa Clemente VIII en octubre de 1597, la convirtió en Universidad Pontificia. El establecimiento de la Universidad obedeció a la insistente solicitud del grupo criollo, que demandaba educación superior, y al interés por evitar que los hijos de las familias ricas se trasladaran a España para realizar estudios superiores.

En la Universidad se impartían las carreras de Teología, Derecho, Filosofía y Medicina. Los grados otorgados por esta institución eran los de bachiller, licenciado, maestro o doctor. La enseñanza se caracterizaba por ser dogmática y religiosa, se impartía fundamentalmente en latín y consistía en la lectura y el comentario de libros en clase. En esta Universidad no eran admitidos los indígenas, los mestizos ni las mujeres, estaba bajo el poder civil y clerical y fortaleció el dominio de españoles y criollos sobre las demás clases sociales.

El virrey Antonio de Mendoza, conforme a lo dispuesto en la cédula real de mayo de 1535, estableció la primera Casa de Moneda de la Nueva España. La institución funcionó durante más de dos siglos como empresa privada, hasta el 14 de julio de 1732, cuando oficialmente se asignó la acuñación a la Real Hacienda, aunque todavía demoró treinta años en asumir esa tarea. Las monedas emitidas a partir de 1536 eran de plata y debían tener un peso determinado, de ahí el nombre de nuestra moneda: peso.

Otra institutción que se fundó en Nueva España a finales del siglo XVII fue el consulado de comerciantes.

En 1603 se creó en la Nueva España el Consulado de la Ciudad de México, encargada de regular las ventas, cambios, seguros marítimos y terrestres, cuentas pagos y las operaciones y los asuntos relativos al comercio de mercaderías. También el Consulado vigilaba la llegada de las flotas y los galeones a Veracruz, y la del galeón de Manila a Acapulco; controlaba las importaciones y exportaciones y fijaba el pago de los derechos de ida y vuelta.

En 1795 se creó el Consulado de Veracruz. Su jurisdicción abarcaba la intendencia de ese puerto y la villa de Jalapa. En el mismo año se erigió el Consulado de Guadalajara, con jurisdicción sobre el vasto territorio de la Audiencia de Nueva Galicia.

Asimismo se establecieron otras instituciones, como los colegios fundados por la Compañía de Jesús, los cuales se distinguieron por sus avanzados métodos de enseñanza. En estos colegios se impartía educación media, aunque hubo algunos de educación superior.

Los jesuitas abrieron colegios en variadas ciudades y villas del Virreinato; entre los más importantes se puede mencionar el Colegio Real de San Pedro, San Pablo y San Ildefonso (1618) de la Ciudad de México. La labor intelectual de los jesuitas contribuyó en gran medida al despertar criollo, pues fueron maestros, consejeros y representantes de los grupos oprimidos por los españoles.

EL ACOMODO DE LOS GRUPOS SOCIALES. EL CARACTER CORPORATIVO DE LA SOCIEDAD.

A partir de la llegada de los españoles se transformó la realidad étnica, social y cultural de las sociedades indígenas. En las primeras décadas del siglo XVII la sociedad novohispana era pluriétnica y pluricultural.

En los centros mineros, las haciendas, estancias ganadera pueblos y ciudades se congregaban indígenas, europeos, africanos y asiáticos que provenían de tradiciones culturales diferentes y realizaban diversas tareas de acuerdo con su condición social. De la mezcla de esos grupos surgió la población mestiza. Sólo las regiones del sur y del sureste de la Nueva España mantuvieron su composición étnica tradicional.

En Nueva España se estableció una clara diferencia entre los principales grupos sociales; la desigualdad original entre conquistadores y conquistados se transformó en una desigualdad étnica, de manera que en la sociedad novohispana había españoles peninsulares, criollos, indios, negros y castas. Cada grupo se subdividía de acuerdo con el nivel económico y social de los individuos que lo componían.

La transformación de la Nueva España durante el siglo XVII propiciaron el desarrollo de una nueva organización económica y social en la que el papel principal correspondió a las corporaciones: comerciantes, mineros, hacendados, clero secular y funcionarios de la Corona.

La propiedad de tierra constituyó la base del sistema de explotación colonial, el cual reforzó y legitimó con la discriminación hacia los grupos étnicos. Había marcadas diferencias: las clases dominantes disfrutaban de diversos privilegios, sobre todo la burocracia virreinal, la Iglesia, los comerciantes, los terratenientes y los propietarios de minas; las clases trabajadoras por su parte, carecían de derechos y no tenían privilegio alguno.

Los comerciantes fueron el grupo más favorecido. Recuerda que la Corona fundó el Consuldado de Comerciantes de la Ciudad de México y le concedió el monopolio del comercio. Gracias a esa concesión, los miembros del Consulado obtuvieron enormes beneficios de las relaciones comerciales entre el Virreinato y España. Los comerciantes vendían sus productos al precio y con las condiciones que el Consulado imponía; el cual, además, otorgaba crédito a mineros, agricultores, obrajeros, artesanos y pequeños comerciantes.

Durante el siglo XVII el clero secular se convirtió en el principal auxiliar del Imperio español en la pacificación y el gobierno de la Nueva España. La Corona marginó a los frailes mendincantes, cedió al clero secular el impuesto del diezmo, favoreció la implantación de curatos y obispados en todo el territorio y vio con indulgencia cómo la Iglesia acaparaba haciendas, ranchos, ingenios azucareros, propiedades urbanas y capital (que adquirió por medio de los diezmos, donaciones piadosas, legados testamentarios y capellanías).

Así la Iglesia empezó a desempeñar actividades relacionadas con la banca y se convirtió en socia natural de hacendados, mineros y comerciantes. En muchas comunidades era la autoridad máxima, ante la que se dirimían los problemas o conflictos que se sucitaban entre sus habitantes. Por añadidura, se reservaba la dirección espiritual, la educación, la asistencia hospitalaria y las conducción de casi todas las ceremonias públicas.

Otro grupo corporativo era el integrado por hacendados y rancheros, el cual se desarrolló con gran rapidez en las regiones de Puebla y Tlaxcala, en los valles de México y Cuernavaca, en el Bajío, en Michoacán, en Nueva Galicia y en las cercanías de laz zonas mineras. Su peso social en el medio rural era abrumador; en todos los poblados, villas y ciudades de provincia compartía los puestos del cabildo con comerciantes y funcionarios.

Los mineros recibían muy poca ayuda de la Corona española, pero a pesar de ello acumularon grandes riquezas. Para financiar sus empresas, con frecuencia se asociaban con comerciantes y hacendados.

A mediados del siglo XVII los funcionarios virreinales, ligados por intereses económicos, afinidades sociales y lazos de parentesco, constituían la mayoría en cuyas manos estaba la dirección de los asuntos administrativos de la Nueva España. Esta burocracia, mal remunerada y carente de organización adecuada, aprovechaba los cargos públicos para enriquecerse, lo que se volvió práctica generalizada. La Corona abrió una puerta más a la corrupción al poner a la venta casi todos los puestos públicos; por esta vía, los criollos penetreron en las esferas de gobierno.

Profr. José Isabel Montesino Brito.
Escuela Secundaria General No. 20 "José Martí"
Cancún, Quintana Roo; México.
http://www.viajescolar.mex.tl

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